
Tocaron a mi puerta y allí
estaba ella,
me miró fijamente,
me habló telepáticamente
Yo, de pie... interpuesta...
tratando de disuadirla,
deseando que se fuera...
El viento se detuvo,
ni sol, ni luna
mucho menos estrellas...
mis lágrimas corrieron
como río
Ella, inmutable
con su rostro cubierto
¡Vete por favor... no entres!
vuelve cuando esté dormida,
que sea como un sueño
del que no despierte...
Ten piedad muerte...
Alba Pugh
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