jueves, 10 de diciembre de 2009

Entre la realidad y los sueños...

Cuento los días y las horas

Me recreo en el atardecer

en el viento con su melodía

del beso robado...

El sueño recurrente

del próximo encuentro

me mantiene oteando cual ave el cielo

Pienso en lo inesperado

en la calma después de la lluvia

que hace tempestades

Siento inquietud y al mismo tiempo gozo

Toda una gama de nuevos sentimientos

me asaltan

Tu fe en este amor, tu alegría

me lleva a tocar con mis manos el cielo

Vida mía...

¿Es ésto real?

porque si acaso es sueño,

no me despiertes

deja que siga dormida...



Alba Pugh

martes, 8 de diciembre de 2009

Navidades en un pueblo llamado Ratón

Las navidades venezolanas son de gran algarabía y ruidos, bendecidos por un verano eterno, que sólo el tiempo de lluvia diferencia como las estaciones de invierno y verano, las navidades se prestan a patinatas, encuentros familiares para la elaboración del plato navideño tradicional; las hallacas, los pesebres o nacimientos y las casas adornadas con profusión de luces y símbolos alegóricos del momento... La hermosa ciudad de Maracaibo en especial atrae gran cantidad de visitantes por ser cuna de la música tradicional, la gaita, que en cantos expresa desde lo más sublime hasta la protesta contra el "grinch" de verruga en la frente que no cree en el niño Jesús y siempre ofrece sus mejores oficios para amargarnos la fiesta con toda suerte de artimañas. Esta introducción a mi escrito la siento necesaria, pues la historia sobre el regalo navideño que les contaré, data de años atrás, cuando aún casada y con mis hijos pequeños vivíamos en Houston, y las primeras navidades resultaron tan diferentes, tan frías... que decidimos cuando llegó el momento de una nueva celebración decembrina, de iniciar un recorrido, que en el mapa no lucía en verdad tan temerario... Atravesar el Estado de Texas, New Mexico y llegar al Gran Cañon del Colorado en Arizona, desde donde se nos ocurrió tomar por un camino de montaña viaje con dirección al Estado de Colorado, como si estuviesemos en Venezuela, y decidieramos un paseo a los andes.
Ni pendientes por la radio de los avisos de tormentas de nieve y mal tiempo, sólo teniamos oídos para la música cascabelera y alegre de la navidad...
El Gran Cañon se ofrece como una experiencia extra-sensorial, que supera cualquier expectativa o fantasía, está inmerso en una energía que hace del lugar un centro Universal místico, todo el mundo al llegar a su mirador enmudece, y tan sólo se escucha el silbido del viento... Su inmensidad nos hace sentir pequeños en todos los sentidos.
Pernóctamos en Flagstag, en una cabaña de gruesos troncos de madera, con una chimenea que nos regaló un reparador sueño, pero que a la mañana siguiente nos enfrentó a una situación que resolvimos con baldes de agua caliente: Nuestro viejo auto de estudiante por el que pagamos la suma de $300, estaba totalmente cubierto de nieve y tuvimos que bañarlo hasta derretir la nieve, y luego el motor que se negaba a arrancar también fue sometido al arcaico tratamiento...
Partimos a nuestra aventura provistos con ricos emparedados, leche, chocolate y mantas para el viaje montaña arriba, era el día previo a la noche de navidad y calculamos estar en un lugar poblado a tiempo para una cena navideña caliente, luego de varias horas de viaje nos encontramos atascados en medio de una tormenta de nieve que convirtió el dia en noche, y sin poder avanzar por la escasa visibilidad, el auto se detuvo en un punto donde era imposible continuar... Sin mencionar para nada la palabra navidad, ni mucho menos recordar a nuestra cálida Maracaibo, opté por pasarme a la parte de atrás del vehiculo para darle calor a mis niños y hacerlos sentir más tranquilos... Juan, al volante hacía fallidos intentos por avanzar, pero el viejo chevrolet, por cierto sin las llantas apropiadas para tal situación, no respondía...

-Mamá, tu crees que si le pedimos a Santa un milagro, podríamos salir de este problema... preguntó Marianita

-Por supuesto que podríamos hija...

-Bueno, vamos a pedir como único regalo de Navidad, que nos envie ayuda... expresó Marianita.

Hubo un rato de silencio total, interrumpido repentinamente, por una grúa con un parlante que nos indicaba que seríamos remolcados hasta Ratón, el pueblo más cercano, y asi, enganchados hicimos nuestra entrada triunfal con tiempo para saborear un rico plato navideño de pavo relleno, puré de papas, ensalada cruda y ricos vegetales salteados... Disfrutabamos del regalo de Santa, cuando de repente se acercó a nuestra mesa un trio de guitarristas mexicanos y entonaron varias canciones alegóricas al momento, y repentinamente como número final arrancaron con lo que para los venezolanos representa nuestro segundo Himno Nacional... el Alma Llanera... Abrí la boca con asombro, incrédula, pensando en otro milagro de navidad... y bañado en llanto mi rostro por la emoción inquerí a los amables músicos:
-Pero, cómo supieron que somos venezolanos?
y muy discretamente uno de ellos se acercó y casi me susurró al oido
-Pos, en la playera que lleva su hijo está escrito ¡VENEZUELA!
Nos miramos, y de las lágrimas pasé a sonoras carcajadas que todavía afloran al recuerdo...
El regreso milagroso a Houston, en el mismo viejo auto, merece un capítulo aparte por lo accidentado y por las situaciones que nos tocó sortear y que serían la envidia del mismo Indiana Jones...


Alba Pugh